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Los hijos, ¿heredan nuestros miedos?

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Foto: Shutterstock
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Sabemos que la influencia de los progenitores es fundamental en la formación de esas personitas que nos roban el corazón, y nos dan tanto amor, pero, ¿también les inculcamos nuestros propios miedos? Nuestros hijos ¿heredan nuestros miedos, o son más aprendidos que heredados?

Hace unos días leí un artículo sobre los prejuicios que los más peques adquieren de los padres… y una curiosidad despertó dentro de mí, ¿Heredan también miedos de los padres? Y no me refiero a las arañas, a volar, a las alturas, etc… sino a los miedos más profundos y que muchas veces se forman desde una buena intención de los mayores.

Somos proteccionistas

Me di cuenta que muchas veces, y sin mala intención, sino todo lo contrario, los padres somos un poco proteccionistas, y por evitar que nuestros hijos se frustren, lloren o se pongan tristes, intentamos hacer cualquier cosa y no nos paramos a explicarles el porqué de las cosas.

Lo primero que pude ver con claridad, es que, principalmente, esto pasa con el hermano/hermana mayor de las familias. Parece que cuando somos padres primerizos, y no sabemos nada sobre cómo ejercer, ponemos mucha más atención a absolutamente todo lo que le pasa a nuestro pequeño, a cómo se siente y a sobreprotegerlo.

Por ello, y sin querer, llegamos a situaciones en las que decimos frases como ¨a ver quién gana¨, ¨como no te des prisa, vas a ser el último¨, ¨porque lo digo yo¨, ¨no llores¨, ¨no pasa nada¨, ¨no ha sido nada¨, ¨así no se hace¨, ¨lo estás haciendo mal¨ y alguna más.

Todas estas frases suelen decirse con muy buena intención a priori, pero tras ser escuchadas una y otra vez por los niños, que a ciertas edades sabemos que son esponjas, pueden derivar en frustraciones, introversión, ¨síndrome del niño dictador o del niño tirano¨ o comportamientos que no son nada adecuados y que a la larga puede influir en su forma de ser y/o relacionarse con los demás. Estos son a los miedos a los que me refiero, que, de una forma u otra, provienen de los padres, o de los mayores que nos rodean y que tomamos como ejemplo.

Hay que ayudar a los pequeños con comentarios que les hagan más fuertes y capaces de controlar situaciones

Cuida tus comentarios

Es cierto que no podemos darle importancia a todo lo que el niño dice, pero, ¿por qué no escucharle y tranquilamente explicarle la razón por la cual no se puede hacer lo que él indica siempre?

Por eso, y tras haber preguntado a diferentes padres, hijos y familias, llegué a la conclusión de que hay que saber cuándo y en qué momento ese tipo de comentarios son constructivos y no destructivos. Porque esos pequeños que se están formando, terminarán de ¨hacerse¨ con nuestra ayuda, y qué mejor manera, que con comentarios que les hagan más fuertes, que les hagan más respetados y capaces de controlar diferentes situaciones y que les den libertad para seguir sus sueños y conseguir lo que se proponen, respetando siempre a los demás y sin miedo al fracaso.

Porque educar a un niño, no es fácil, y está más que comprobado, que no existe una barita mágica para hacerlo a la perfección. Cada padre y madre lo hace a su manera, y cada una de ellas es perfectamente válida, pero es importante considerar que cuando un niño está en proceso de formación y de construcción de su propia identidad, él se verá de la misma forma que lo ven los demás, sobre todo, de la forma en que lo ven las personas que más le importan, sus padres. De esta forma, aprenderá a actuar frente a mil y una situaciones al igual que ellos, porque bien sabemos que nuestros pequeños aprenden mayormente por imitación, y así se comportarán frente a la sociedad.

Buena parte de la forma de ser que tenga nuestro hijo dependerá de la genética, pero otra grandísima parte, es totalmente adquirida, y es en la infancia dónde se van a adquirir esos rasgos que, en un futuro, nos van a definir.

Por eso, y para que tu hijo crezca sano, por fuera y por dentro, sin miedos ni temores, recuerda siempre explicarle las cosas, hablar con un tono seguro y reforzar su personalidad.

Cómo les condicionamos

  • Cuando hablamos de ¨a ver quién gana¨ si no utilizamos esta frase en el contexto adecuado, es probable que nuestro hijo tenga tendencia a generar temor a ser el último, a no aceptar perder nunca o tomárselo mal.
    Con esto no quiero decir que no sea bueno que el niño sepa que hay ambientes competitivos, porque en la vida real se los va a encontrar y es bueno que esté preparado, pero también es bueno que se habitúe tanto a ganar como a perder. Al fin y al cabo, tenemos que tratar de reproducir, en comportamientos cotidianos, lo que el día de mañana se encontrará nuestro pequeño, y que lo vea de una forma totalmente normalizada y natural.
  • Cuando decimos ¨porque yo lo digo¨ hacemos que ese niño que quiere dar su opinión, y quiere ser escuchado como el resto, genere temor a pronunciarse y piense que su opinión no es valorada.
  • Cuando les decimos ¨no pasa nada¨, y aunque para los adultos, esa pequeña caída no signifique gran cosa, tenemos que tener en cuenta que los niños son niños, y puede que ese tropiezo, caída o golpe, sea algo grande y únicamente necesiten expresarlo, con un llanto o una queja, y con un ¨no pasa nada¨, podemos generar temor a expresarse, que piensen que lo que les pasa a ellos no es importante y no merece la pena opinar, generando miedo a expresar tanto sus ideas como sus sentimientos.

Buena parte de la forma de ser que tenga nuestro hijo dependerá de la genética, pero otra es totalmente adquirida

Sensibles al tono de tu voz

Cosas tan simples como el tono de voz con el que te comunicas con un niño, puede generar temor. Yo soy madre, y en mi experiencia personal, si estamos a oscuras y grito a mi hijo para que haga algo, genero temor en él. Cuando estamos a oscuras, en general nos sentimos más solos e indefensos, y pegarle un grito en ese momento es crear en su cabeza esa conexión de temor y oscuridad. Sin embargo, si en esa misma situación, le hablo con tranquilidad, podemos hacer de ese momento un juego y conseguir que su autoestima y seguridad sean todavía más fuertes.

A veces no somos conscientes de lo importante que es el tono con el que hablamos. Los niños son especialmente sensibles y receptivos. Si nosotros tratamos con nerviosismo o inseguridad un tema, ten por seguro que un niño lo va a percibir y vamos a trasladarle ese miedo o tensión sobre esa situación concreta. Por el contrario, si nuestro tono es seguro, el niño va a percibir esa seguridad en todo lo que hagamos y digamos, y podrá actuar con la misma confianza frente a ese mismo escenario el día que lo necesite.

Laura Bueno. Mommy4real

www.mommy4real.com