Inicio Poesias Hola

Hola

274
Compartir

Hola, me llamo Germán y puede pareceros un poco raro que me esté dirigiendo a vosotras cuando sólo cuento con ocho meses de vida. Ya sé que no es habitual que esto ocurra. Normalmente los niños de mi edad hacen todo lo que se les supone, esto es, llorar, comer, hacerse caquita para que mamá ponga esa sonrisa inconfundible de felicidad… en fin, todo lo que hace cualquier bebé.

       El motivo de romper las reglas es sólo una cuestión de consciencia. Estáis muy mal acostumbradas a creer que cuando somos bebés, no acaparamos en nuestro ser nada más que inconexos balbuceos y actos reflejos provocados por un cerebro inmaduro y vacío. Y yo os digo: Nada más lejos de la realidad. Nosotros los bebés (vosotras también lo fuisteis aunque ya se os haya olvidado) tenemos un mundo interior muy rico y variado, lleno de grandes pensamientos y aderezados por historias que van ocurriendo en el presente diario. Lo que pasa es que habéis perdido la facultad de verlo. Vosotros los mayores, a menudo, sólo veis lo que queréis ver, pues habéis perdido la capacidad de mirar.

       Si supierais interpretar correctamente todos nuestros actos, nuestras sonrisas, nuestros quejidos, nuestras formas de afrontar nuestro reducido mundo, veríais, inconfundiblemente, cuál es nuestra necesidad en ese momento. Pero estáis tan atareadas intentándoos ver reflejadas en nosotros que no apreciáis al ser único y verdadero que mora en ese cuerpecillo indefenso. Una vida se desarrolla en el interior de un pequeño cuerpo pero la vida misma es grandiosa y llena de una magia inconmensurable. La vida es igual de grande en cualquier continente que la quiera albergar. No somos tan débiles como a veces, erróneamente, creéis.

       Yo me llamo Germán porque mis padres quisieron ponerme ese nombre y la verdad, no me disgusta, pues es un nombre fuerte y me ayudará en el futuro a salir adelante. Pero pensad en ese pobre niño inocente que ya desde la cuna recibe el dudoso obsequio de llamarse Agapito, o Eufrasio, o Anacleto…  Lo avocáis innecesariamente al trabajoso esfuerzo de alzarse por encima de esa barrera semántica. Eso lo convertirá, si lo consigue, en un hombre más evolucionado y con más confianza en la vida, en su personalidad futura, pero si no lo consigue… ¿qué?

       Bueno, os dejo, pues se me ha concedido permiso del reino de la consciencia para mostraros un poco de lo que transcurre en nuestros  cerebros y así nos miréis a partir de ahora con un poco más de respeto y menos de conmiseración. ¿El motivo? La creación de esta revista para la mujer llamada “BEBÉ y MUJER”, a la que voy a inscribirme en cada número para daros a todas vosotras el punto de vista de ese ser que no puede defenderse solo y articular sus problemas y preocupaciones a través de las palabras que yo iré escribiendo a partir de ahora.

       Así que nos vemos en el próximo número donde dilucidaremos si es verdad o es mentira que a los bebés nos guste que nos hagan carantoñas raras y las señoras cambien la voz de forma tan graciosa ante nuestra presencia, pensando en que esa forma de comunicarse con nosotros es lo más correcta. ¡Por favor, señoras, un poco de consideración a nuestra dignidad de bebés!

       Un saludo del bebé Germán.    

Compartir
Artículo anteriorY si todo esto falla
Artículo siguienteNORMAS DE HIGIENE